miércoles, 27 de abril de 2016

Tema 4

EL PLAN DE SALVACION PERSONAL

Pensamos que la pregunta más importante de la vida es: “¿Vas a ir al cielo cuando mueras?”


1.       Crees que irías al cielo si hoy te toca morir?
Creo que no iría al cielo si muero hoy.
2.       Qué tenemos que hacer para salvarnos?
Primero, reconocer que estamos en peligro mortal, condenados a pena de muerte y después, saber que los pecados cometidos  me han puesto en esa condición
3.       Cómo solucionamos este problema?
Si en verdad no queremos morir, entonces debemos buscar al única persona que fue capaz de vencer al pecado y a la muerte eterna.
4.       Quien fue esa persona y donde está?
Esa persona fue y es  Jesús y está en todas partes, de seguro en misa, en la oración, en la Biblia, en el testimonio de otras personas que ya se salvaron.
5.       Y cuando lo encuentre a Jesús que le digo?
Cuando lo encuentre le voy a decir, quiero salvarme, no quiero morir eternamente.
6.       Jesús te va a preguntar, qué has hecho para que te sientas condenada?
He cometido pecados, y quiero confesar todo lo malo que hice.
7.       Ante quien nos confesamos?
Nos confesamos ante un representante de Jesús en la tierra que el mismo eligió como son los sacerdotes.
8.       Que se necesita para confesarse?
Necesitamos mínimo estar arrepentido de corazón por todas las cosas malas que hemos hecho.
9.       En verdad Dios me perdonara?
Hay muchas citas bíblicas que indican que Jesús perdona al pecador.
10.   Y que más tengo que hacer para no volver a pecar después de confesarme?
Debo orar siempre, ir a misa todos los domingos y comulgar y confesarse rápido si en caso volvemos a caer en pecado.

Citas referenciales sobre el perdón: para la pregunta 9
“Sopórtense unos a otros, y perdónense si alguno tiene una queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. Sobre todo revístanse de amor, que es el lazo de la perfecta unión”. (Colosenses 3,13-14)
"Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo los perdonará también a ustedes; pero si no perdonan a otros, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus pecados”. (Mateo 6, 14-15)
“Y cuando estén orando, perdonen lo que tengan contra otro, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados”. (Marcos 11, 25)
 Cristo”. (Efesios 4, 32)
“Aunque peque contra ti siete veces en un día, si siete veces viene a decirte: No lo volveré a hacer, debes perdonarlo." (Lucas 17, 4)
“Entonces Pedro fue y preguntó a Jesús: Señor, ¿cuántas veces deberé perdonar a mi hermano, si me hace algo malo? ¿Hasta siete? Jesús le contestó: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. (Mateo 18, 21-22)
“Si alguno dice: "Yo amo a Dios", y al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios, ame también a su hermano”. (1 Juan 4, 20)
“Porque toda la ley se resume en este solo mandato: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". (Gálatas 5, 14)
“Si alguno dice que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad. El que ama a su hermano vive en la luz, y no hay nada que lo haga caer”. (1 Juan 2, 9-10)

RESUMEN DE MI TEMA: Uniendo todas las respuestas, construye el contenido del tema.
“Creo que no iría al cielo si muero hoy. Primero, reconocer que estamos en peligro mortal, condenados a pena de muerte y después, saber que los pecados cometidos  me han puesto en esa condición. Si en verdad no queremos morir, entonces debemos buscar al única persona que fue capaz de vencer al pecado y a la muerte eterna. Esa persona fue  y  es Jesús y está en todas partes, de seguro en misa, en la oración, en la Biblia, en el testimonio de otras personas que ya se salvaron. Cuando lo encuentre le voy a decir; quiero salvarme, no quiero morir eternamente. He cometido pecados, y quiero confesar todo lo malo que hice. Nos confesamos ante un representante de Jesús en la tierra que el mismo eligió como son los sacerdotes. Necesitamos mínimo estar arrepentido de corazón por todas las cosas malas que hemos hecho. Hay muchas citas bíblicas que indican que Jesús perdona al pecador. Debo orar siempre, ir a misa todos los domingos y comulgar y confesarse rápido si en caso volvemos a caer en pecado”.



miércoles, 13 de abril de 2016

Tema 3


LA REVELACION ORAL Y LA TRADICION DE LA IGLESIA

A menudo los hermanos evangélicos, discutiendo con nosotros los católicos, nos dicen: «¿Dónde habla la Biblia del purgatorio? ¿Dónde dice la Biblia que San Pedro fue a Roma? ¿De dónde sacan ustedes los católicos eso de que María es la Inmaculada Concepción y que subió al cielo en cuerpo y alma?».
Para los evangélicos, la Revelación Divina y la Biblia son lo mismo. Es decir, para ellos solamente en la Biblia se encuentra toda la Revelación de Dios.
Ahora bien: ¿Es correcta esta posición? ¿Es cierto que la Biblia contiene todo el Evangelio de Cristo? ¿Qué dice la misma Biblia al respecto? Además, ¿quién reunió todos los libros inspirados que constituyen la Biblia? ¿Acaso no fue la Iglesia la que recibió el encargo de predicar el Evangelio por todo el mundo, hasta el fin de los tiempos? ¿Qué hubo primero: la Biblia o la Iglesia?
1. La Revelación Divina:
La Revelación es la manifestación de Dios y de su voluntad acerca de nuestra salvación. Viene de la palabra «revelar», que quiere decir «quitar el velo», o «descubrir». Dios se reveló de dos maneras:
1) La Revelación natural, o revelación mediante las cosas creadas. Dice el apóstol Pablo: «Todo aquello que podemos conocer de Dios El mismo se lo manifestó. Pues, si bien a Él no lo podemos ver, lo contemplamos, por lo menos, a través de sus obras, puesto que El hizo el mundo, y por sus obras entendemos que Él es eterno y poderoso, y que es Dios» (Rom 1,19-20).
2) La Revelación sobrenatural o divina. Desde un principio Dios empezó también a revelarse a través de un contacto más directo con los hombres, mediante los antiguos profetas y de una manera perfecta y definitiva en la persona de Cristo Jesús, el Hijo de Dios. «En diversas ocasiones y bajo diferentes formas, Dios habló a nuestros padres, por medio de los profetas, hasta que, en estos días que son los últimos, nos habló a nosotros por medio de su Hijo» (Heb.1,1-2). Jesús nos reveló a Dios mediante sus palabras y obras, sus signos y milagros; sobre todo mediante su muerte y su gloriosa resurrección y con el envío del Espíritu Santo sobre su Iglesia. Todo lo que Jesús hizo y enseñó se llama «Evangelio», es decir, «Buena noticia de la Salvación».
2. ¿Cómo fue transmitida la Revelación Divina?
Para llevar el Evangelio por todo el mundo, Jesús encargó a los apóstoles y a sus sucesores, como pastores de la Iglesia que El fundó personalmente:
 «Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días has-ta que se termine este mundo» (Mt. 28,18-20).
Aquí notamos cómo Jesús ordenó «predicar» y «proclamar» su Evangelio. Y de hecho los Apóstoles «predicaron» la Buena Nueva de Cristo. Años después algunos de ellos pusieron por escrito esta predicación. Es decir, al comienzo la Iglesia se preocupó de predicar el Evangelio. Por supuesto el Evangelio que Jesús entregó a los Apóstoles no estaba escrito. Jesús no escribió nunca una carta a sus Apóstoles; su enseñanza era solamente oral. Así lo hicieron también los Apóstoles.
3. La Tradición Apostólica
La Tradición Apostólica se refiere a la transmisión del Evangelio de Jesús. Jesús, además de enseñar a sus apóstoles con discursos y ejemplos, les enseñó una manera de orar, de actuar y de convivir. Estas eran las tradiciones que los apóstoles guardaban en la Iglesia. El apóstol Pablo en su carta a los Corintios se refiere a esta Tradición Apostólica: «Yo mismo recibí esta tradición que, a su vez, les he transmitido» (1 Cor. 11, 23).
Resumiendo, podemos decir que Jesús mandó «predicar», no «escribir» su Evangelio. Jesús nunca repartió una Biblia. El Señor fundó su Iglesia, asegurándole que permanecerá hasta el fin del mundo. Y la Iglesia vivió muchos años de la Tradición Apostólica, sin tener los libros sagrados del Nuevo Testamento.
4. La Biblia
Solamente una parte de la Palabra de Dios, proclamada oralmente, fue puesta por escrito por los mismos apóstoles y otros evangelistas de su generación.
Estos escritos, inspirados por el Espíritu Santo, dan origen al Nuevo Testamento (NT), que es la parte más importante de toda la Biblia. Está claro que al escribir el NT, no se puso por escrito «todo» el Evangelio de Jesús.
«Jesús hizo muchas otras cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros», nos dice el apóstol Juan (Jn. 21,25).
Podemos decir que sólo la parte más importante y fundamental de la Tradición Apostólica fue puesta por escrito. Por esta razón la Iglesia siempre ha tenido una veneración muy especial por las Divinas Escrituras.
5. Biblia y Tradición
Después de esto podemos decir que la revelación divina ha llegado hasta nosotros por la Tradición Apostólica y por la Sagrada Escritura. Además, la Sagrada Escritura presenta la Tradición como base de la fe del creyente: «Todo lo que han aprendido, recibido y oído de mí, todo lo que me han visto hacer, háganlo» (Fil.4,9). «Lo que aprendiste de mí, confirmado por muchos testigos, confíalo a hombres que merezcan confianza, capaces de instruir después a otros» (2. Tim. 2,2).
«Hermanos, manténganse firmes guardando fielmente las tradiciones que les enseñamos de palabra y por carta» (2 Tes. 2,15).
6. ¿Sólo la Biblia?
Es un error creer que basta la Biblia para nuestra salvación. Esto nunca lo ha dicho Jesús y tampoco está escrito en la Biblia. Jesús, reitero, nunca escribió un libro sagrado, ni repartió ninguna Biblia. Lo único que hizo Jesús fue fundar su Iglesia y entregarle su Evangelio para que fuera anunciado a todos los hombres hasta el fin del mundo. Fue dentro de la Tradición de la Iglesia donde se escribió y fue aceptado el N.T., bajo su autoridad apostólica. Además la Iglesia vivió muchos años sin el N.T., el que se terminó de escribir en el año 97 después de Cristo. Y también es la Iglesia la que, en los años 393-397, estableció el Canon o lista de los libros que contienen el N.T.
Por tanto, si aceptamos solamente la Biblia, ¿cómo sabemos cúales son los libros inspirados? La Biblia, en efecto, no contiene ninguna lista de ellos. Fue la Tradición de la Iglesia la que nos transmitió la lista de los libros inspirados. Supongamos que se perdiera la Biblia, en ese caso la Iglesia seguiría poseyendo toda la verdad acerca de Cristo, la cual hasta la fecha ha sido transmitida fielmente por la Tradición, tal como lo hizo antes de escribir el NT.
7. El Magisterio de la Iglesia
La Revelación Divina abarca la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura. Este depósito de la fe (cf. 1 Tim. 6, 20; 2 Tim. 1, 12-14) fue confiado por los Apóstoles al conjunto de la Iglesia. Ahora bien el oficio de interpretar correctamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia. Ella lo ejercita en nombre de Jesucristo. Este Magisterio, según la Tradición Apostólica, lo forman los obispos en comunión con el sucesor de Pedro que es el obispo de Roma o el Papa.
El Magisterio no está por encima de la Revelación Divina, sino que está a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido. Por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, el Magisterio de la Iglesia lo escucha devotamente, lo guarda celosamente y lo explica fielmente.
Los fieles, recordando la Palabra de Cristo a sus apóstoles: «El que a ustedes escucha, a mí me escucha» (Lc.10, 16), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que sus pastores les dan de diferentes formas. El Magisterio de la Iglesia es un guía seguro en la lectura e interpretación de la Sagrada Escritura, «ya que nadie puede interpretar por sí mismo la Escritura» (2 Ped. 1, 20).
Conclusión:
1. Resumiendo, podemos decir que la Iglesia no saca solamente de la Escritura la certeza de toda la Revelación Divina.
2. La Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios, en el cual, como en un espejo, la Iglesia peregrinante contempla a Dios, fuente de todas sus riquezas.
3. El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios ha sido confiado únicamente al Magisterio de la Iglesia, a los obispos en comunión con el Papa.
4. La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan de Dios, están íntimamente unidos, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros. Los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de los hombres.
Cuestionario: Resolver de manera individual
1.     Qué fue primero: la Biblia o la Iglesia?
2.     ¿Qué significa la palabra revelación?
3.     ¿De cuántas maneras se reveló Dios al Hombre?
4.     ¿Qué ordenó Jesús antes de subir al cielo?
5.     ¿Cuándo se pusieron por escrito las enseñanzas de Jesús?
6.     ¿Qué significa la palabra Tradición Apostólica?
7.     ¿Basta la sola Biblia para la salvación?
8.     ¿Cuál es la función del Magisterio?


miércoles, 6 de abril de 2016

Tema 2



LOS EVANGELIOS



1. ¿Qué son los evangelios?

Los evangelios son los cuatro libros del Nuevo Testamento en los que se habla de la vida, enseñanzas, acciones, pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y salvador del mundo, lo cual para los creyentes es Buena Noticia. Esta Buena Noticia recoge tradiciones transmitidas por discípulos en el seno de las comunidades cristianas primitivas.
Aunque los autores de los evangelios tienen el propósito de componer un relato sobre Jesús que guarde fidelidad a lo sucedido, la finalidad de los evangelios no es hacer una biografía exhaustiva de  Jesúscon datos  minuciosos. Los evangelios tienen una  finalidad pastoral: fortalecer la fe de los lectores (Lc 1,4) y suscitar la fe que conduce a la vida eterna (Juan 20,31).

2. Del “Evangelio” a los evangelios

Hay que distinguir entre Evangelio y evangelios. El Evangelio era el mensaje de Jesús y sobre Jesús, mientras que los evangelios eran los escritos en los que se contenía dicho mensaje. En la lengua común del imperio romano la palabra Evaggelion significa buena noticia”, por lo cual los cristianos decidieron llamar así a la buena noticia de la llegada del reinado de Dios que se había hecho presente en Jesús resucitado (Mc 1,1).
Los libros que nosotros conocemos hoy como evangelios no fueron llamados así por sus autores. El único evangelista que pone nombre a su escrito es Lucas, y le llama relatos (Lc 1,1). El término evangeliose usaba para referirse a la proclamación oral de la buena noticia de Jesús y sobre Jesús. El primero en utilizar el término evangelio para referirse al escrito sobre Jesús es Marción, en la segunda mitad del siglo II.

3. Evangelios  canónicos  y evangelios  apócrifos

Son canónicos aquellos evangelios que fueron aceptados por las primeras comunidades cristianas como inspirados, y pasaron a formar parte del canon o lista oficial de libros inspirados del Nuevo Testamento. Estos evangelios canónicos son cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Estos cuatro evangelios canónicos representan dos tradiciones distintas sobre el mismo acontecimiento de Jesús: Mateo, Marcos y Lucas representan una misma tradición, por lo que tienen muchas cosas en común y por lo cual se les llama evangelios sinópticos. En cambio, el evangelio de Juan representa otra tradición, y de a sus diferencias con los sinópticos. No obstante, los cuatro coinciden en lo fundamental: Jesús, en cuya vida, enseñanzas, acciones, pasión, muerte y resurrección acontece la salvación de Dios.
Además de estos cuatro evangelios canónicos, algunos cristianos escribieron otros libros que también fueron llamados evangelios, pero que no recibieron el reconocimiento oficial de la Iglesicomo  libros canónicos. A estos  libros  no  canónicos, cuyo  contenido  era  la  vida  y enseñanzas de Jesús, se los llamó evangelios apócrifos.


Los evangelios apócrifos se diferencian de los evangelios canónicos, entre otras cosas, en que los apócrifos suelen desarrollar una etapa del acontecimiento de Jesús (infancia, enseñanzas, etc.). Así, atendiendo a su contenido, tenemos cuatro grandes grupos de apócrifos: de la infancia (Protoevangelio de Santiago), de dichos (evangelio de Tomás y Apócrifo de Santiago), de la pasión y resurrección (Evangelio de Pedro), diálogos del resucitado (Evangelio de María Magdalena).

4. Claves para interpretar los evangelios

Una primera clave de interpretación es tener en cuenta que los evangelios son relatos, y como tales tienen la finalidad de vincular las enseñanzas y el misterio de Jesús a la historia. De manera que no se pueden leer los evangelios desconecndolo de su contexto hisrico y narrativo.
Una segunda clave es tener en cuenta que los evangelistas, queriendo ser fieles a las tradiciones sobre Jesús, procuraron responder a las circunstancias de las comunidades cristianas, actualizando la Buena Noticia para la realidad de sus lectores. De manera que hemos de leer los evangelios desde el contexto de las comunidades en las que y para las que fueron escritos.
Una tercera clave es tener en cuenta que los evangelios están teologizados, es decir, que se mira y se cuenta el acontecimiento Jesús desde la perspectiva de la experiencia de fe de las primeras comunidades cristianas representada por los evangelistas. De manera que debemos leer los evangelios desde esa perspectiva de fe con que se escribieron.

5. Evangelio de Marcos

Ahora nos dedicamos al evangelio de Marcos. Veremos algunos datos y claves teológicas que nos ayuden a entenderlo mejor.

5.1 Autor,  fecha y destinatarios de Marcos


En cuanto al autor de este evangelio, la tradición lo atribuye a un tal Juan Marcos (Juan” es nombre judío  y Marcos es griego), que podría tratarse de un judeo cristiano, relacionado con el apóstol Pedro (Hch 12,12, Pedro 5,13), y que podría ser el mismo que acompaña al apóstol Pablo en su primer viaje (Hch 12,25; 13,5) y luego al final de la vida de Pablo (Col 4,10; Flm 24; 1 Tim 4,11).

·           En cuanto a la fecha de composicn, por las indicaciones del mismo evangelio de Marcos, pudo haber sido escrito entre el año 60 y 70 d. C. (8,34-38; 10,30.35-45; 13,8-10), tiempo de persecución y crisis para los cristianos, que culminará con la destrucción de Jerusalén y el Templo el año 70.

     En cuanto  a los destinatarios del evangelio de  Marcos, habría sido  escrito  para  la comunidad cristiana de Roma. Esta afirmación está avalado por datos que ofrece el mismo evangelio de Marcos: a) explicación de costumbres judías (7,3-4; 14,12; 15,42); b) traducción al griego de expresiones arameas (3,17; 5,41; 7,11; 10,46; 14,36; 15,34); c) uso de palabras en latín (centurión, legión, denario, pretorio, etc.); d) alusiones al  derecho y  horario romano (10,12; 13,35), e) explicación de monedas hebreas por su equivalencia romana (12,42); f) presentación de un romano como primero en reconocer la verdadera identidad mesiánica de Jesús (15,39).
En cuanto a las características de la comunidad cristiana a la que se dirige Marcos, habría sido una iglesia doméstica, es decir, que se reunía en una casa de familia para la celebración del culto y para la catequesis. Además, sería una comunidad misionera (13,10; 14,9), comprometida con la evangelización entre los paganos, siguiendo el mismo ejemplo de Jesús (5,1-20; 7,24-30; 8,10). La característica principal de esta comunidad sería su situación de perseguida (8,34-38; 10,30.35-45; 13,8-10).

5.2  Estructura temática de Marcos

En cuanto a la estructura temática, el evangelio de Marcos se puede dividir en dos grandes partes con un prólogo y un apéndice:

Prólogo (1,1-13)

I. Jesús, el Mesías (1,14-8,30)

Revelación de Jesús y ceguera de los dirigentes judíos (1,14-3,6) Revelación de Jesús e incomprensión de parientes y paisanos (3,7-6,6) Revelación de Jesús y reconocimiento de sus discípulos (6,6-8,30)

II. Jesús, Mesías sufriente e Hijo de Dios (8,31-16,8)

Camino a Jerusalén: revelación del camino doloroso del Mesías (8,31-10,52) En Jerusalén: revelación de Jesús como Juez y Señor del Templo (11,1-13,37) Pasión y resurrección de Jesús: revelación en plenitud (14,1-16,8)

Apéndice canónico (16,9-20)

5. 3 Contenido teológico  de Marcos

La pretensión del evangelio de Marcos es afianzar la fe de la comunidad cristiana de Roma para la que escribe, dada su situación de persecución y de crisis. Para ello Marcos entiende que la clave está en comprender correctamente la identidad de Jesús.
El principio fundamental que unifica y organiza todo el evangelio de Marcos es de carácter teológico: la revelación de la identidad de Jesús, el Mesías esperado (8,27-30), el Hijo de Dios (15,39). Afincado en este principio teológico fundamental, Marcos construye su obra desarrollando las ideas que explicitan su pensamiento teológico.
Marcos muestra la identidad de Jesús no de manera abstracta, sino en relación a grupos de personas, especialmente en relación al grupo de sus discípulos. Así el evangelio de Marcos se desarrolla sobre dos temas centrales que se entrelazan continuamente: identidad de Jesús e identidad del discípulo.
La identidad de los discípulos de Jesús es caracterizada por ser sus seguidores fieles y comprometidos: llamados a conocerlo y seguirlo (1,16-20; 2,13-14; 10,17-22), llamados a ser pescadores de personas” (1,17), llamados a una convivencia fraterna regida por el servicio (9,33-37; 10,35-45), y llamados a una vida de renuncia y lealtad sin condiciones (8,34).

6. Evangelio de Mateo

Continuamos con el Evangelio según san Mateo. Veremos algunos datos y claves teológicas que nos ayuden a entenderlo mejor.

6.1 Autor,  fecha y destinatarios de Mateo

En cuanto al autor de este evangelio, aunque una tradición muy antigua lo atribuye a Mateo el publicano, uno de los doce discípulos (9,9), actualmente los expertos se inclinan a señalar que el autor fue un cristiano de la segunda generación, que conocía el griego y estaba familiarizado con el Antiguo Testamento.
En cuanto a la fecha de composicn, habría sido escrito entre el año 80 y el 90 d. C. Esto porque, por un lado, el evangelio de Mateo hace referencia a la destrucción de Jerusalén ocurrida el año 70 d. C. (22,7; 23,28; 24,15), y por otro lado, ya en el año 110 d. C. el escritor cristiano san Ignacio de Antioquía cita en sus cartas el evangelio de Mateo y presupone que dicho evangelio ya estaba extendido y era aceptado por diversas comunidades.

En cuanto a los destinatarios del evangelio de Mateo, habría sido escrito en Antioquía de Siria, ciudad de lengua griega y de  importante colonia judía. Allí se asen una de las primeras comunidadecristianas  (Hch  11,19-30),  donde  se  mezclaban  judeocristianos  y  paganos conversos al cristianismo. De a que en el evangelio de Mateo los paganos son presentados de forma positiva (2,1-12; 8,5-13; 15,21-28; 27,54; 28,18-20).
En cuanto a la situación de la comunidad cristiana a la que se dirige Mateo, destaca su ruptura con el judaísmo, lo que se evidencia en el evangelio (5,17-48; 10,16-25; 23; 27,15-26.62- 66; 28,11-15). Este conflicto entre Cristianismo y Judaísmo es parte de una etapa del desarrollo del Cristianismo, que progresivamente se distancia del Judaísmo y va adquiriendo identidad propia. Por eso Mateo, entre otras cosas, propone una organización interna de la Comunidad que sea  fraterna  y  basada  en  las  relaciones  familiares  (23,8-12);  esto  como  alternativa  a  la organización piramidal de la Sinagoga judía.

6.2 Estructura temática de Mateo

En cuanto a la estructura temática, el evangelio de Mateo se puede dividir en tres grandes partes:

Primera parte (1,1-4,16)

1. Infancia de Jesús (1,1-2,23)
2. Preparación para la misión (3,1-4,16)

Segunda parte (4,17-16,20)

1. El anuncio del Reino (4,17-11,1)
2. Jesús es rechazado (11,2-16,20)

Tercera parte (16,21-28,20)

1. Jesús instruye a los discípulos (16,21-20,34)
2. Jesús es rechazado (21,1-28,20)

6.3 Contenido teológico  de Mateo

1.                   En el evangelio de Mateo hay varias ideas teológicas claves para entender su mensaje. En primer lugar, hay una cristología según la cual Jesús, el Mesías, el hijo de David (11,2; 22,42), Hijo de Dios (3,17; 17,5), Hijo del hombre (24,29-31; 25,31-46) sigue estando presente en medio de la Comunidad cristiana como Señor resucitado. Esta presencia da confianza y fortaleza en medio de las tribulaciones, orienta en la toma de decisiones y anima a la misión (1,23; 18,20; 28,20).

En segundo lugar, Mateo elabora una eclesiología, según la cual la Iglesia de Jesús es una comunidad de hermanos (18; 20,26-27; 23,11-12) que crecen en la fe (14,33) y el conocimiento de las enseñanzas de Jesús (13,51; 16,12; 17,13).
Y finalmente, en Mateo encontramos principios de la moral cristiana. En efecto, dada la situación de conflicto entre cristianismo y judaísmo, Mateo quiere dar a los cristianos una nueva AUWH (halaká), es decir, norma de conducta coherente con su identidad de fe. El auténtico discípulo de Jesús cumple la voluntad de Dios, poniendo en práctica las enseñanzas de Jesús en las que se expresa esa voluntad (7,15-27; 21,28-32; 24,45-25,46).

ACTIVIDAD GRUPAL:

1.   Elaborar un cuadro sinóptico sobre el tema los Evangelios

2.   Elabora una sinópsis  sobre el Evagelio de Lucas, siguiendo las indicaciones del profesor.